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Así es mi vida,
piedra,
como tú. Como tú,
piedra pequeña;
como tú,
piedra ligera;
como tú,
canto que ruedas
por las calzadas
y por las veredas;
como tú,
guijarro humilde de las carreteras;
como tú,
que en días de tormenta
te hundes
en el cieno de la tierra
y luego
centelleas
bajo los cascos
y bajo las ruedas;
como tú, que no has servido
para ser ni piedra
de una lonja,
ni piedra de una audiencia,
ni piedra de un palacio,
ni piedra de una iglesia;
como tú,
piedra aventurera;
como tú,
que tal vez estás hecha
sólo para una honda,
piedra pequeña
y
ligera…

Voz del profesor Pepe Barrio Fernández

Me han enviado esta carta por correo electrónico y he pensado que no está de más publicarla en el blog, dado que su temática es de plena actualidad y está escrita por un muchacho de vuestra edad. Ya me diréis.

Carta a un maltratador

Fernando Orden Rueda 2º de Bachillerato, de Ciencias de la Salud. IES Bioclimático, de Badajoz. II Premio del II Concurso Nacional ‘Carta a un maltratador’, convocado por la Asociación ‘Juntos contra la violencia doméstica’

Para ti, cabrón: Porque lo eres, porque la has humillado, porque la has menospreciado, porque la has golpeado, abofeteado, escupido, insultado… porque la has maltratado. ¿Por qué la maltratas? Dices que es su culpa, ¿verdad? Que es ella la que te saca de tus casillas, siempre contradiciendo y exigiendo dinero para cosas innecesarias o que detestas: detergente, bayetas, verduras… Es entonces, en medio de una discusión cuando tú, con tu ‘método de disciplina’ intentas educarla, para que aprenda. Encima lloriquea, si además vive de tu sueldo y tiene tanta suerte contigo, un hombre de ideas claras, respetable. ¿De qué se queja?

Te lo diré: Se queja porque no vive, porque vive, pero muerta. Haces que se sienta fea, bruta, inferior, torpe… La acobardas, la empujas, le das patadas…, patadas que yo también sufría.

Hasta aquel último día. Eran las once de la mañana y mamá estaba sentada en el sofá, la mirada dispersa, la cara pálida, con ojeras. No había dormido en toda la noche, como otras muchas, por miedo a que llegaras, por pánico a que aparecieses y te apeteciera follarla (hacer el amor dirías) o darle una paliza con la que solías esconder la impotencia de tu borrachera. Ella seguía guapa a pesar de todo y yo me había quedado tranquilo y confortable con mis piernecitas dobladas. Ya había hecho la casa, fregado el suelo y planchado tu ropa. De repente, suena la cerradura, su mirada se dirige hacia la puerta y apareces tú: la camisa por fuera, sin corbata y ebrio. Como tantas veces. Mamá temblaba. Yo también. Ocurría casi cada día, pero no nos acostumbrábamos. En ocasiones ella se había preguntado: ¿y si hoy se le va la mano y me mata? La pobre creía que tenía que aguantar, en el fondo pensaba en parte era culpa suya, que tú eras bueno, le dabas un hogar y una vida y en cambio ella no conseguía hacer siempre bien lo que tú querías. Yo intentaba que ella viera cómo eres en realidad. Se lo explicaba porque quería huir de allí, irnos los dos…Mas, desafortunadamente, no conseguí hacerme entender.

Te acercaste y sudabas, todavía tenías ganas de fiesta. Mamá dijo que no era el momento ni la situación, suplicó que te acostases, estarías cansado. Pero tu realidad era otra. Crees que siempre puedes hacer lo que quieres. La forzaste, le agarraste las muñecas, la empujaste y la empotraste contra la pared. Como siempre, al final ella terminaba cediendo. Yo, a mi manera gritaba, decía: mamá no, no lo permitas. De repente me oyó. ¡Esta vez sí que no!–dijo para adentro-, sujetó tus manos, te propinó un buen codazo y logró escapar. Recuerdo cómo cambió tu cara en ese momento. Sorprendido, confuso, claro, porque ella jamás se había negado a nada.

Me puse contento antes de tiempo.

Porque tú no lo ibas a consentir. Era necesario el castigo para educarla. Cuando una mujer hace algo mal hay que enseñarla. Y lo que funciona mejor es la fuerza: puñetazo por la boca y patada por la barriga una y otra vez…

Y sucedió.

Mamá empezó a sangrar. Con cada golpe, yo tropezaba contra sus paredes. Agarraba su útero con mis manitas tan pequeñas todavía porque quería vivir. Salía la sangre y yo me debilitaba. Me dolía todo y me dolía también el cuerpo de mamá. Creo que sufrí alguna rotura mientras ella caía desmayada en un charco de sangre.

Por ti nunca llegué a nacer. Nunca pude pronunciar la palabra mamá. Maltrataste a mi madre y me asesinaste a mí.

Y ahora me dirijo a ti. Esta carta es para ti, cabrón: por ella, por la que debió ser mi madre y nunca tuvo un hijo. También por mí que sólo fui un feto a quien negaste el derecho a la vida.

Pero en el fondo, ¿sabes?, algo me alegra. Mamá se fue. Muy triste, pero serenamente, sin violencia, te denunció y dejó que la justicia decidiera tu destino. Y otra cosa: nunca tuve que llevar tu nombre ni llamarte papá. Ni saber que otros hijos felices de padres humanos señalaban al mío porque en el barrio todos sabían que tú eres un maltratador. Y como todos ellos, un hombre débil. Una alimaña. Un cabrón.

Fuente: LA GACETA EXTREMEÑA DE LA EDUCACIÓN.

Composición incluida en “Canciones a Violante” (1959), que es una recopilación de poemas de corte amoroso, en la cual el poeta supera la etapa vanguardista y vuelve a una poesía de corte tradicional, clásico. Esta colección tiene su punto de referencia en la Violante de Lope de Vega, aunque el poema de Gerardo Diego dista del tono jocoso, que caracteriza la poesía burlesca de Lope.

Así, Gerardo Diego apunta:

Violante no es la amante, ni la amada, ni la novia, ni la esposa, ni la musa, ni el eterno femenino (…) Si yo bautizo a mi creado ser mitológico Violante es como homenaje a Lope, inventor de Violante, aunque su famoso soneto apareciese para despistar, en tono de burla y en boca de gracioso de comedia…

Me estás enseñando a amar.
Yo no sabía.
Amar es no pedir, es dar
noche tras día.


La Noche ama al Día, el Claro
ama a la Oscura.
Qué amor tan perfecto y tan raro.
Tú, mi ventura.


El Día a la Noche, alza, besa
sólo un instante.
La Noche al Día –alba, promesa–
beso de amante.


Me estás enseñando a amar.
Yo no sabía.
Amar es no pedir, es dar.
Mi alma, vacía
.

Recitado por el profesor Pepe Barrio Fernández

Pertenece a su obra “Hijos de la ira”, escrita después de la guerra civil. Lo componen poemas que tratan sobre las preocupaciones que angustian al hombre, la soledad, la injusticia, la guerra, Dios…

Recitado por el profesor Pepe Barrio Fernández

Qué hermosa eres, libertad. No hay nada
que te contraste. ¿Qué? Dadme tormento.
Más brilla y en más puro firmamento
libertad en tormento acrisolada.

¿Que no grite? ¿Mordaza hay preparada?
Venid: amordazad mi pensamiento.
Grito no es vibración de ondas al viento:
grito es conciencia de hombre sublevada.

Qué hermosa eres, libertad. Dios mismo
te vio lucir, ante el primer abismo
sobre su pecho, solitaria estrella.

Una chispita del volcán ardiente
tomó en su mano. Y te prendió en mi frente,
libre llama de Dios, libertad bella.

El zamorano León Felipe Camino Galicia hizo honor a su apellido. Coetáneo de la Generación del 27, su vida de andanzas, recorridos y peripecias, y su condición de exiliado ocasionan que no se le adscriba a ningún movimiento literario en concreto. Traductor de Walt Whitman, algunos ven en su poesía ecos de este poeta, porque en su versos clama contra las injusticias sociales y la libertad, entre otros temas.

Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre…
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos…
y sé todos los cuentos.

Recitado por el profesor Pepe Barrio Fernández

Me han gustado estos versos de Maria Antonia Ortega, poeta, de profesión abogada criminalista, sobrina nieta del filósofo  Ortega y Gasset.

El lenguaje es el sueño más hermoso del hombre, pero también el más inalcanzable. Hablar es soñar.
Pues la palabra pájaro, ¿acaso no vuela más alto que el pájaro?
Y la palabra manzana, ¿no brilla más que el fruto?
Y las rosas amarillas, ¿no florecen al mismo tiempo en mis labios que en mi jardín?

de La pobreza dorada

Matías, un alumno de tercero, simpático y risueño, me ha dicho esta mañana:”Laura, ¿sabes lo que es un coaching?”, y yo me he quedado pensando….-¿un animalito? …¡Qué tonta¡

En los tiempos de Mari Castaña, allá por principios del siglo XX, hubo un escritor que se llamó Azorín. Él ya habló de “La voluntad”. De hecho escribió un libro que se titulaba así. Ahora suena a concepto arcaico, a teoría, a algo duro y difícil, casi que apenas tiene significado. No parece muy divertida la palabrita. Porque ahora hasta una mesa es divertida, una casa puede ser divertida y también hay sabores divertidos. Es la palabra de moda. Ser divertido es ser chillón, ir rápido, ser muy, muy práctico, moverse mucho, hacer muchas cosas, muchas, en un día. Eso de pararse de vez en cuando y contemplar la vida y a uno mismo…No, no, eso no es divertido. Ya entiendo, por eso los que caminamos despacio, y nos detenemos de vez en cuando, no lo somos.

Aunque hay muchas maneras de pararse. Uno se detiene para fijar la atención, para centrarse en un trabajo, para comprender una lectura, por ejemplo. (No quiero decir para estudiar, porque no es divertido). Pueden leer por ti, sí, pero la comprensión requiere un esfuerzo individual, que además hay que desarrollar. Y eso es lo peor, porque se necesita tiempo y recreación. Leer y comprender al mismo tiempo requiere habilidad y práctica. Otra manera de pararse, claro, es cuando uno es vago. Y no lo digo por ti, precisamente, Matías. Pero haberlos, haylos.

Ahora bien, -según me decías, Matías-si uno es perezoso, pues…”búscate un coaching”. ¿Que qué es eso? Según me han contado hoy mis alumnos -que pienso andan un tanto desencaminados-es alguien que empuja cuando uno se para. Que quieres dejar de fumar, pues búscate un coaching, que quieres adelgazar, búscate un coaching, que no puedes poner orden en tu vida, ya sabes, el coaching. Es mejor que alguien te motive, porque se ve que al coaching le pagas para que te anime a esforzarte. Es como una especie de Voluntad con piernas. Si decaes, ahí está el coaching.

Ahora en serio, he buscado lo del coaching y es un profesional, un entrenador personal psicológico que va a potenciar las capacidades individuales al máximo para sacar el mejor rendimiento de uno mismo, pero sin tu voluntad, Matías no hay nada.

Se suele aplicar también al mundo de las empresas y éste es distinto al de la vida escolar. Y eso de que el “coaching” lo arregle todo…Matías…como una especie de secretario personal…Matías…

A mí me gusta lo nuevo, no me pego a las tradiciones porque sí y me atrae el futuro. Creo que es bueno que las personas recoloquemos las ideas y aprendamos a vivir adaptándonos a modelos actuales. Pero la voluntad y el esfuerzo individual son esenciales en la persona (no forman parte de la tradición ni de lo novedoso). Desde luego, no es tarea divertida ni fácil muchas veces, pero si muy satisfactoria, la mayoría. No quiero pensar ni por un momento, Matías, que creas que el coaching, el psicólogo personal es el sustituto del esfuerzo individual. “La voluntad mueve montañas”, recordad -sabiduria popular-, por algo será lo del refrán. Quizá no lo confundas, Matías, pero………¡me da un miedo!

Del “Romancero gitano”, extraemos este primer poema, El Romance de la luna, luna. Un niño, que huye de los gitanos desea que la luna, como si de una madre se tratase, lo proteja y se lo lleve con ella. La presencia de la muerte -simbolizada en la luna- pronostica el destino trágico de la cultura gitana.

Lo popular y lo culto se funden en este libro, que está en la línea del neopopularismo. La grandeza de Lorca es que logra unir estos elementos, de manera que eleva la figura del gitano y la convierte en mito.

La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira mira.
El niño la está mirando.

En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.

Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.

Niño déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.

Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño déjame, no pises,
mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.

Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.

¡Cómo canta la zumaya,
ay como canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con el niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
el aire la está velando.

recitado por el profesor Pepe Barrio Fernández

1. ¿De qué manera se personifica la luna?

2. ¿Con qué metáfora se alude al galopar de los gitanos? ¿Y qué metáforas los identifican?

4. Busca los paralelismos en el texto y justifica su sentido.

3. ¿Por qué elige Lorca un romance, como froma métrica?

Esta mañana, en clase, hemos decidido realizar una actividad para conmemorar el Día del Libro. Se trataba de leer poemas de escritores de distintas nacionalidades, especialmente las que correspondían a los alumnos del aula.

Unos de los poemas leído ha sido este del argentino y Premio Cervantes, Juan Gelman.

AUSENCIA DE AMOR

Cómo será pregunto.
Cómo será tocarte a mi costado.
Ando de loco por el aire
que ando que no ando.

Cómo será acostarme
en tu país de pechos tan lejano.
Ando de pobre cristo a tu recuerdo
clavado, reclavado.

Será ya como sea.
Tal vez me estalle el cuerpo todo lo que he esperado.
Me comerás entonces dulcementepedazo por pedazo.

Seré lo que debiera.
Tu pie. Tu mano.

Gerardo Diego visitó el monasterio de Santo Domingo de Silos y quedó impresionado cuando, en su claustro, descubrió el ciprés. El desasosiego de su alma se funde con su deseo de elevación espiritual. La línea innovadora y la clásica se aúnan en este soneto de “Versos humanos”. En esta página encontraréis su comentario.

Escuchadla en la voz del profesor Pepe Barrio Fernández

Enhiesto surtidor de sombra y sueño
que acongojas el cielo con tu lanza.
Chorro que a las estrellas casi alcanza
devanado a sí mismo en loco empeño.

Mástil de soledad, prodigio isleño,
flecha de fe, saeta de esperanza.
Hoy llegó a ti, riberas del Arlanza,
peregrina al azar, mi alma sin dueño.

Cuando te vi señero, dulce, firme,
qué ansiedades sentí de diluirme
y ascender como tú, vuelto en cristales,

como tú, negra torre de arduos filos,
ejemplo de delirios verticales,
mudo ciprés en el fervor de Silos.